
El análisis de Star Wars: Galactic Racer deja claro que esta propuesta no busca limitarse a recuperar las carreras de vainas. Fuse Games toma como referencia el espíritu de los juegos de velocidad de principios de los 2000 y lo combina con una campaña roguelike, mejoras permanentes y una ambientación situada tras la caída del Imperio.
El resultado es un título de carreras muy veloz y exigente, con circuitos estrechos, rivales agresivos y accidentes capaces de arruinar una prueba en segundos. Su control responde con precisión, aunque dominar el ritmo de los vehículos requiere varios intentos y una buena dosis de reflejos.
La historia sigue a Shade, un antiguo piloto que se ve envuelto en la Liga Intergaláctica después de que el campeón Kestar Bool le juegue una mala pasada. Darius Pax organiza las carreras por distintos mundos mientras el protagonista intenta recuperar su posición y plantar cara a su rival.
Star Wars: Galactic Racer mezcla carreras de alta velocidad, combates entre vehículos y progresión roguelike. La experiencia ofrece 20 circuitos, tres categorías de vehículos y cuatro niveles de dificultad.
Una conducción inspirada en Burnout
La influencia de los veteranos de Criterion Games se nota desde las primeras carreras. Los oponentes no se limitan a seguir la trazada: buscan provocar choques, hacer perder el control y aprovechar cualquier error. El jugador puede responder con maniobras similares, aunque el diseño no llega a centrarse por completo en los derribos de Burnout 3: Takedown.
Los vehículos se mueven a gran velocidad y los circuitos presentan curvas cerradas, obstáculos y tramos estrechos. Una mala frenada o un giro tomado demasiado tarde puede acabar en accidente. A cambio, el manejo resulta preciso: una pulsación del cuadrado en PlayStation o de la X en Xbox ayuda a girar con eficacia en las zonas más complicadas.
Una campaña roguelike con tres tipos de vehículo
La estructura de Star Wars: Galactic Racer obliga a repetir carreras para reunir monedas, desbloquear mejoras y aumentar las posibilidades de superar los desafíos más difíciles. La campaña comienza con 13 pruebas clasificatorias y limita a tres los accidentes permitidos en cada carrera. Si se supera ese límite, hay que reiniciar la partida.
La progresión se organiza por planetas: la fase clasificatoria pasa por cuatro mundos, la liga por cinco y el campeonato definitivo por seis. Hay 20 circuitos distintos y varios tipos de evento, como carreras tradicionales, sprints entre dos puntos, contrarrelojes y eliminatorias.
El jugador puede competir con deslizadores terrestres, motojets y skim speeders. Las diferencias principales están en sus estadísticas, ya que las mejoras permiten acercar bastante sus niveles de potencia. También es posible equipar escudos, turbos, armas y habilidades de aliados para resistir golpes o neutralizar a los rivales.
Un apartado técnico sólido en PS5 Slim
La recreación de la galaxia apuesta por escenarios reconocibles, vehículos detallados y personajes con un cuidado especial. La iluminación, las sombras, las explosiones y las variaciones entre las escenas diurnas y nocturnas ayudan a dar personalidad a los circuitos.
En PS5 Slim, el juego mantiene una experiencia fluida incluso cuando los vehículos superan los 900 km/h. No se han apreciado tirones ni pérdidas de fotogramas durante las carreras, un resultado especialmente importante en un título donde una reacción tardía puede terminar en accidente.
La repetición puede no convencer a todos
El principal punto de fricción está en la propia estructura roguelike. Repetir intentos para conseguir el nivel de poder necesario forma parte del diseño, pero puede resultar frustrante para quienes prefieran una experiencia de carreras más relajada y lineal.
Los cuatro niveles de dificultad permiten ajustar ese reto. Piloto es la opción recomendada y ocupa el segundo escalón, mientras que Recluta reduce la exigencia sin eliminarla por completo. Los dos niveles superiores están pensados para quienes busquen un desafío mayor.
Conclusión
Star Wars: Galactic Racer combina la velocidad y los choques de los clásicos de carreras arcade con una progresión basada en repetir, mejorar y volver a intentarlo. Sus controles responden bien, el rendimiento en PS5 Slim es sólido y la variedad de circuitos, eventos y vehículos sostiene la campaña.
Su apuesta por el roguelike será determinante: quienes disfruten optimizando cada intento encontrarán una propuesta con recorrido, mientras que los jugadores que busquen carreras sin reinicios frecuentes pueden tropezar con una dificultad poco indulgente.
Star Wars: Galactic Racer debuta con un 88 en Metacritic.
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