
El globo estratosférico de Anil Monnier permitió fotografiar un eclipse solar desde una perspectiva poco habitual. El ingeniero y astrofotógrafo francés lanzó desde España una plataforma diseñada e impresa por él mismo, equipada para registrar el fenómeno mientras él lo observaba desde tierra con sus amigos.
El despegue tuvo lugar en el aeródromo de La Nava, en Corral de Ayllón (Segovia), dentro de la franja de totalidad. El globo ascendió hasta unos 38 kilómetros, alcanzó aproximadamente 15 metros de diámetro y terminó explotando por la expansión del helio. Un paracaídas y un sistema GPS permitieron recuperar el equipo.
La estructura empleó casi 8 metros cúbicos de helio y materiales de impresión 3D que, según Monnier, no se habían probado antes en condiciones estratosféricas tan extremas.
Un lanzamiento elegido por motivos científicos y prácticos
Monnier escogió un emplazamiento situado en la trayectoria de totalidad, pero también tuvo en cuenta las exigencias del vuelo. Un globo con cámara no puede lanzarse sin más si su recorrido atraviesa espacio aéreo especial o restringido, y la fotografía aérea añade restricciones específicas.
El aeródromo ofrecía además una ubicación conocida por las autoridades españolas, un hangar y protección frente al viento durante el inflado. Esos factores facilitaron una operación que requería coordinar el lanzamiento, el seguimiento y la recuperación de la carga útil.
Por qué el globo aumenta de tamaño al subir
El funcionamiento se basa en la diferencia de densidad entre el helio y el aire. A medida que el globo asciende, la presión atmosférica disminuye y el gas de su interior se expande. Por eso la envoltura pasó de unos 2,5 metros de diámetro en tierra a cerca de 15 metros en su punto más alto.
La expansión tiene un límite: alrededor de los 38 kilómetros, el globo terminó reventando. La góndola transportaba la cámara y los sistemas necesarios, mientras que el paracaídas redujo la velocidad de descenso y el GPS ayudó a localizar el conjunto una vez de vuelta en tierra.
Impresión 3D frente a materiales aeroespaciales especializados
La parte más experimental del proyecto estuvo en la fabricación. Monnier diseñó el globo y la góndola utilizando materiales de impresión 3D distintos del PEEK, un plástico de altas prestaciones que suelen emplear las empresas aeroespaciales cuando necesitan fabricar piezas mediante esta técnica.
El resultado no demuestra que cualquier pieza impresa en 3D pueda utilizarse automáticamente en el espacio cercano, pero sí aporta una prueba práctica en condiciones estratosféricas. El propio ingeniero asumió que el vuelo podía fallar porque los materiales no habían sido probados, según explicó, en un entorno tan extremo.
Cada intento de impresión costaba alrededor de 200 euros, sin contar las pruebas y las reimpresiones. El proyecto contó con el patrocinio de Bambu Lab, fabricante de la impresora utilizada, cuya participación también estuvo vinculada a la idea de realizar el vuelo.
https://www.youtube.com/watch?v=76761060385Una afición construida desde la infancia
Monnier se interesó por la astronomía desde niño y empezó a observar el cielo con un telescopio que recibió como regalo. Durante su etapa universitaria pasó un semestre en Chile para fotografiar un cielo diferente al de Francia, aunque tuvo que limitar todo el equipo a una mochila de 60 litros.
Su interés por construir instrumental propio creció durante la pandemia de COVID-19, cuando fabricó un sistema automatizado para obtener imágenes del espacio profundo. La experiencia le llevó a aprender por su cuenta cómo conectar telescopios, cámaras y equipos de control, una preparación que después aplicó a este vuelo estratosférico.
La NASA también estudió el eclipse desde el aire mediante globos equipados con sensores y, en algunos casos, cámaras de 360 grados. El proyecto de Monnier tuvo una escala distinta y un objetivo principalmente fotográfico, pero comparte la misma idea: aprovechar la atmósfera superior para observar un eclipse desde una posición que no está disponible para los espectadores en tierra.
Si estás siguiendo este tema, también puedes consultar España alcanza un récord solar, pero la red no puede integrar toda la energía.
Un experimento personal con resultado exitoso
El vuelo combinó una experiencia astronómica personal con una prueba de ingeniería amateur. Monnier pudo ver su primer eclipse solar total desde el suelo mientras el globo captaba imágenes desde la estratosfera, y la recuperación del equipo confirmó que el diseño había soportado el ascenso, la explosión controlada de la envoltura y el descenso.
El interés principal del proyecto no está solo en las fotografías, sino en haber llevado materiales y herramientas relativamente accesibles a un entorno exigente. Aun así, cualquier aplicación aeroespacial futura requeriría nuevas pruebas, validaciones y controles específicos para cada componente.
Encuentra más Ciencia en nuestra sección de Ciencia o suscríbete a Guslok – Guías 100% en YouTube para más contenido.