
En un mercado repleto de consolas portátiles y dispositivos DIY, surge un proyecto que propone un camino distinto: un PC de bolsillo con arquitectura x86 y un enfoque plenamente modular. El CG Deck aparece como una solución compacta que combina rendimiento eficiente y personalización física, pensado para quienes buscan una máquina que pueda adaptarse a distintas tareas sin sacrificar la portabilidad.
Un PC de bolsillo con hardware abierto y arranque dual
El corazón del CG Deck es el procesador Intel N150 de la familia Alder Lake‑N, con 4 núcleos y una velocidad máxima de 3,6 GHz. Este enfoque prioriza la eficiencia sobre el rendimiento extremo, orientado a quien necesita autonomía y versatilidad para trabajar, emular o explorar software de escritorio ligero en movilidad.
Si hablamos de compatibilidad, la plataforma se sustenta en la placa LattePanda IOTA, lo que concede un apoyo nativo para sistemas operativos de escritorio y permite instalar tanto Windows 11 como distribuciones de Linux, con una independencia que facilita pruebas y personalización. Su firmware de código abierto otorga control al usuario para ajustar funciones y rendimiento a gusto.
Diseño modular que marca la diferencia
La propuesta distintiva del CG Deck es su modularidad: la base frontal admite intercambiar módulos físicos para adaptar el equipo a diferentes usos, desde un teclado completo de 64 teclas, un gamepad hasta un trackball intercambiable. Este giro transforma el dispositivo en una pieza versátil para tareas como administración de equipos en movimiento, programación en campo o sesiones de emulación retro y juegos ligeros.
Entre sus especificaciones destaca una batería de 10.500 mAh que promete hasta 8 horas de autonomía, y una pantalla táctil de 5 pulgadas con resolución 1024×600 y brillo de 1.000 nits, pensada para funcionar bien tanto en interiores como bajo luz solar directa.
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