
China desperdicia 360 TWh de energía renovable entre enero y junio, una cantidad equivalente al consumo eléctrico anual de México. El dato refleja la velocidad con la que el país ha ampliado sus instalaciones solares y eólicas, pero también las limitaciones de una red que no ha crecido al mismo ritmo.
El fenómeno se conoce como curtailment o deslastre de generación: los operadores reducen deliberadamente la producción de una planta cuando el sistema no puede absorber, transportar o distribuir toda la electricidad disponible. No implica necesariamente un fallo en los paneles o los aerogeneradores, sino una decisión para mantener la red dentro de sus límites operativos.
China rechazó 360 TWh de electricidad limpia durante los seis primeros meses del periodo analizado, un 49 % más que en el mismo intervalo del año anterior. El volumen equivale aproximadamente al consumo anual de México.
Una red eléctrica que no sigue el ritmo de las renovables
El informe elaborado por Global Energy Monitor y el Center for Research on Energy and Clean Air sitúa el origen del problema en un desajuste estructural. La capacidad solar y eólica china ha aumentado con enorme rapidez, mientras que las redes de transmisión y distribución no siempre pueden llevar esa electricidad desde las zonas de producción hasta los grandes centros de consumo.
Cuando coinciden unas condiciones meteorológicas favorables con una demanda insuficiente o con restricciones en las líneas, parte de la generación debe descartarse. El problema resulta especialmente visible en un país que se ha convertido en la mayor potencia solar del mundo y que también está ampliando de forma acelerada su capacidad eólica.
Más renovables, pero también una presión renovada sobre el carbón
La expansión de la demanda energética añade otra dificultad. China busca reforzar su posición en sectores tecnológicos intensivos en electricidad, incluidos los centros de datos relacionados con la inteligencia artificial. Estas instalaciones pueden utilizar energía renovable, pero sus picos de consumo requieren una respuesta rápida y predecible.
En ese contexto, las centrales de gas y carbón pueden seguir desempeñando un papel de respaldo, aunque su uso contradiga los objetivos de descarbonización. El repunte de los combustibles fósiles no demuestra que las renovables sean incapaces de cubrir la demanda, sino que pone de manifiesto la necesidad de combinar generación variable, almacenamiento y capacidad firme.
El impacto alcanza a la inversión en nuevas plantas
El deslastre también afecta a la rentabilidad esperada de los proyectos. Si una instalación produce electricidad que no puede venderse o integrarse en la red, aumenta la incertidumbre para quienes financian nuevas plantas. Por eso, el mercado chino está dando más peso a proyectos que combinan generación solar con baterías u otros sistemas de almacenamiento.
El cambio coincide con la eliminación del precio fijo garantizado para las renovables, una medida que introduce más exposición a las condiciones del mercado. En el material analizado se apunta a una caída superior al 60 % de las nuevas instalaciones solares durante este año, aunque la cifra debe interpretarse dentro de ese proceso de reajuste y no como el final de la expansión renovable china.
Un problema que también aparece en otros países
China concentra la mayor cifra absoluta por el tamaño de su sistema, pero no es el único país que rechaza electricidad limpia. Las estimaciones citadas sitúan el deslastre en India en el 14 %, con 8,13 TWh; en Australia, en el 7 %, con 2,93 TWh; y en Japón, en el 4 %, con 2,35 TWh. En España se calcularon 2,5 TWh que no pudieron integrarse en la red.
Las comparaciones deben tomarse con cautela porque los porcentajes y volúmenes dependen del periodo, la metodología y el modo en que cada sistema contabiliza la energía no aprovechada. Aun así, el patrón es común: instalar más paneles y aerogeneradores no basta si faltan líneas, interconexiones y almacenamiento.
El siguiente paso: almacenar y transportar mejor la electricidad
La respuesta pasa por acercar la generación al consumo, reforzar las redes y almacenar los excedentes para utilizarlos cuando la producción solar o eólica disminuya. Chile, otro país con una fuerte presencia de la energía solar, aumentó en 2025 su capacidad de almacenamiento asociada directamente a plantas fotovoltaicas, precisamente para reducir los rechazos.
El caso chino muestra que el crecimiento renovable puede generar nuevos cuellos de botella. La cuestión ya no es únicamente cuánta electricidad limpia puede producirse, sino cuánta puede llegar de forma segura y útil a los consumidores. Resolver esa diferencia será determinante para reducir el desperdicio sin depender más tiempo del carbón.
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