
Al ampliar el almacenamiento de un PC, lo crucial no es solo el precio entre SSD y HDD, sino también qué datos alberga y el rendimiento que ofrece cada opción. Para una biblioteca de juegos de 4 TB o menos, conviene valorar qué tipo de títulos se juegan y cómo encaja cada tipo de unidad en la experiencia.
Cuándo un SSD se convierte en la elección lógica
Instalar juegos exigentes en un disco mecánico puede traducirse en pantallas de carga más largas, tirones y texturas que tardan en aparecer. En muchos casos, los títulos modernos recomiendan un SSD e, incluso, exigen un mínimo para aprovechar la tecnología DirectStorage, disponible solo en unidades de estado sólido.
DirectStorage y el papel de las unidades de almacenamiento
Sin DirectStorage, la CPU debe descomprimir datos de texturas para pasarlos a la memoria de la GPU, un proceso que ralentiza la experiencia y exige tiempos de carga más largos. DirectStorage crea una ruta directa entre el almacenamiento y la GPU, permitiendo que estas tareas sean manejadas por la propia memoria de la tarjeta gráfica. Además, los SSD pueden gestionar miles de peticiones simultáneas, algo en lo que los HDD quedan cortos al leer datos de una única fila a la vez.
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