
Las importaciones de aceite marroquí en España han aumentado de forma extraordinaria en apenas un año. Entre enero y abril de 2026, España compró 10.384,7 toneladas procedentes de Marruecos, frente a las 103 toneladas registradas en el mismo periodo de 2025.
El salto alcanza casi el 10.000% y también se refleja en el valor de las operaciones: de unos 340.000 euros se pasó a 32,76 millones. La cifra llama especialmente la atención porque España continúa siendo el mayor productor mundial de aceite de oliva.
Las compras españolas de aceite marroquí pasaron de 103 a 10.384,7 toneladas entre enero-abril de 2025 y el mismo periodo de 2026. Marruecos ya es el cuarto proveedor de España, aunque todavía representa una parte reducida del mercado.
Un crecimiento muy rápido, pero desde una base pequeña
Marruecos pasó del décimo al cuarto puesto entre los proveedores de aceite de España durante los primeros meses de 2026. Solo Túnez, Portugal e Italia enviaron más producto en ese periodo. La comparación comercial entre ambos países también cambió de sentido: España exportó 673,7 toneladas a Marruecos y recibió más de 10.384 toneladas desde allí.
Un año antes, el intercambio era muy distinto. España había vendido 2.721 toneladas al país vecino y solo había comprado 103. En términos económicos, las exportaciones españolas cayeron de 11,11 a 2,44 millones de euros, mientras las importaciones marroquíes subieron de 340.000 a 32,76 millones.
La cosecha marroquí coincide con una campaña española más corta
El avance marroquí coincide con una mejora de su producción tras varios años marcados por la sequía. El país ha ampliado sus olivares, modernizado parte de sus almazaras y mejorado sus instalaciones de transformación. Las estimaciones para la campaña 2025/2026 sitúan su producción en una horquilla aproximada de 160.000 a 200.000 toneladas, frente a unas 90.000 el año anterior.
Marruecos cuenta con alrededor de 1,2 millones de hectáreas dedicadas al olivar y aspira a dar más peso al aceite dentro de sus exportaciones agroalimentarias. Al mismo tiempo, España habría producido cerca de 1,3 millones de toneladas en 2025/2026, aproximadamente un 9% menos que en la campaña anterior.
En ese contexto, las importaciones españolas aumentaron un 11% hasta finales de mayo y alcanzaron 89.723 toneladas durante la campaña. La combinación de una mayor oferta marroquí y una menor cosecha española abrió una oportunidad comercial para el país norteafricano.
Marruecos gana terreno sin sustituir al aceite español
El porcentaje de crecimiento puede resultar llamativo, pero necesita contexto. Las 10.384 toneladas procedentes de Marruecos equivalen aproximadamente al 0,8% de los cerca de 1,3 millones de toneladas producidas por España. Además, en esos cuatro meses llegaron 38.550 toneladas desde Túnez y 25.265 desde Portugal.
Por tanto, los datos no describen una invasión del mercado ni una sustitución de la producción española. Sí muestran, en cambio, que Marruecos ha pasado de tener una presencia casi testimonial a convertirse en un proveedor relevante en muy poco tiempo.
Un cambio que también afecta al mercado europeo
El movimiento forma parte de una evolución más amplia en el Mediterráneo. Entre octubre de 2025 y marzo de 2026, las ventas marroquíes de aceite a la Unión Europea crecieron un 712,6%, hasta superar las 10.000 toneladas. Marruecos y Túnez concentraron aproximadamente el 44% de la producción de aceite exterior a la Unión Europea, frente a menos del 30% un año antes.
La presión también se deja notar en el mercado español. El aceite de oliva virgen extra, que llegó a rondar los 10 euros por litro en supermercados durante 2023, se situaba alrededor de los seis euros tres años después. Mientras tanto, organizaciones agrarias denunciaban que parte del olivar tradicional estaba vendiendo por debajo de su umbral de rentabilidad.
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Conclusión
Marruecos todavía está muy lejos de la escala productiva española, pero su entrada en el mercado ha ganado velocidad. Pasar de 103 a más de 10.000 toneladas en un año convierte al país en un proveedor que el sector tendrá que vigilar, especialmente mientras España afronta campañas variables, presión sobre los precios y un aumento de las compras en el exterior.
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