
Los chips de IA de Microsoft se han convertido en una pieza clave para entender el ritmo real de expansión de sus servicios de inteligencia artificial. La compañía habría alcanzado unos 2,2 millones de chips avanzados instalados, pero una parte de ese hardware podría seguir sin conectarse por problemas de edificios, permisos y suministro eléctrico.
La situación aparece en un momento de inversiones récord. Las cuatro grandes tecnológicas estadounidenses prevén destinar conjuntamente 760.000 millones de dólares a inteligencia artificial durante 2026, una cifra que incluye no solo aceleradores, sino también centros de datos, redes y energía.
Microsoft habría pasado de un objetivo interno de 1,8 millones de chips de IA para finales de 2024 a unos 2,2 millones en la actualidad, aunque distintas estimaciones apuntan a una capacidad potencialmente superior.
Una diferencia importante entre los chips y la capacidad esperada
Los documentos internos que han trascendido situaban en 1,8 millones el objetivo de Microsoft para finales de 2024. Casi dos años después, la cifra estimada rondaría los 2,2 millones. El dato encajaría con ese objetivo, pero resulta llamativo si se compara con las inversiones realizadas durante 2025 y 2026.
Algunos cálculos externos, basados en la capacidad energética declarada por Microsoft, esperaban una cantidad mucho mayor. La empresa afirmó tener cinco gigavatios de capacidad de centros de datos instalada en 2024 y posteriormente apuntó a otros cinco gigavatios añadidos durante los dos años siguientes. A partir de esas cifras, las estimaciones elevan el número potencial de GPU en funcionamiento hasta unos 6,4 millones.
La diferencia entre los aproximadamente 2,2 millones atribuidos a Microsoft y esos 6,4 millones calculados a partir de la energía es demasiado grande para pasar inadvertida. Un analista especializado en Nvidia también habría previsto que Microsoft contase con más chips a estas alturas.
El cuello de botella estaría en los edificios y la electricidad
Microsoft no ha ofrecido cifras concretas para resolver la discrepancia. Su respuesta se ha limitado a cuestionar los cálculos y a señalar que parten de datos incorrectos, sin precisar qué elementos estarían mal. Una posibilidad es que la compañía disponga de parte del hardware, pero todavía no tenga instalaciones terminadas para ponerlo a trabajar.
El propio Satya Nadella ha defendido que el límite actual no está necesariamente en la disponibilidad de chips, sino en la capacidad de construir edificios, obtener permisos y conectar esos complejos a la red eléctrica. En ese escenario, los aceleradores pueden estar comprados y almacenados mientras esperan una infraestructura capaz de albergarlos.
El centro de datos de Fairwater, en Wisconsin, resume las dudas que rodean a este despliegue. Nadella afirmó en abril que ya estaba operativo, pero las imágenes por satélite apuntaban a que solo una parte reducida del edificio parecía terminada. Más tarde, Microsoft indicó que únicamente funcionaba una sección del complejo.
La inversión continúa pese a las dudas
Este cuello de botella sostiene el argumento de que el gasto de las grandes tecnológicas no responde necesariamente a una falta de demanda. Si el problema fuese que no existen usuarios o servicios capaces de aprovechar las GPU, las compras masivas podrían interpretarse como una sobreinversión. Si, en cambio, la demanda supera a la infraestructura disponible, la presión para seguir construyendo resulta más comprensible.
Microsoft también está intentando reducir su dependencia de proveedores como Intel, AMD y Nvidia. A comienzos de 2026 presentó Maia, una familia de silicio personalizado orientada a competir con las soluciones propias de Amazon y Google, especialmente en tareas de inferencia.
La inferencia puede exigir tanta infraestructura como el entrenamiento en determinados escenarios: cada agente o usuario necesita capacidad de cálculo para recibir respuestas. Eso implica más chips, centros de datos y electricidad, justo los elementos que ahora parecen avanzar a ritmos diferentes.
Conclusión
La cifra exacta de chips de Microsoft y su nivel real de utilización siguen rodeados de discrepancias. Lo que sí refleja el caso es un problema más amplio: comprar aceleradores no basta si los centros de datos, las conexiones eléctricas y los permisos no avanzan al mismo tiempo.
Mientras la compañía defiende que la demanda justifica sus inversiones, las diferencias entre sus objetivos, las estimaciones externas y el estado de instalaciones como Fairwater mantienen abiertas las dudas sobre la velocidad real del despliegue de la inteligencia artificial.
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