
La recuperación del río Saw Mill en Yonkers convirtió un antiguo aparcamiento del centro de la ciudad en un espacio fluvial abierto. En 2012, el municipio retiró parte de Larkin Plaza, desvió el caudal desde el conducto subterráneo y creó un parque con agua, vegetación y zonas sometidas a las mareas.
El resultado ecológico llegó con rapidez: apenas seis meses después, el nuevo cauce ya contaba con peces, anguilas americanas, tortugas, patos y cangrejos azules. La intervención no se limitó a construir un canal decorativo, sino que buscó recuperar condiciones suficientes para que el ecosistema se desarrollara por sí mismo.
Yonkers transformó unas tres acres de Larkin Plaza en un parque fluvial con unos 1.300 metros cuadrados de hábitat acuático, conectado con el Saw Mill River y preparado para convivir con episodios de lluvia intensa.
Un río enterrado durante la expansión industrial
El Saw Mill River había sido importante para el crecimiento de Yonkers mucho antes de que los vehículos ocuparan el centro urbano. Desde el siglo XVII, su fuerza hidráulica permitió mover molinos y contribuyó al desarrollo industrial de la ciudad, situada junto al río Hudson.
Con la expansión urbana, el cauce fue estrechado y canalizado. La contaminación y el valor creciente del suelo favorecieron una solución habitual durante el siglo XX: cubrir el río con hormigón. Sus últimos tramos del centro quedaron ocultos bajo tierra durante los años veinte, apartando de la vista un curso de agua que había ayudado a formar la propia ciudad.
Cómo se construyó el nuevo cauce
La operación no consistió simplemente en retirar el aparcamiento y dejar que el agua reapareciera. Los equipos de ingeniería construyeron una desviación de unos 244 metros para extraer parte del caudal del antiguo conducto y llevarlo de nuevo a la superficie.
La obra tuvo que integrarse en un entorno urbano con calles, edificios, redes de saneamiento y drenaje, además de restos de contaminación industrial. El nuevo cauce recibió revestimientos de protección y, durante cinco meses, fue necesario bombear alrededor de 21 millones de galones de agua para poder trabajar bajo tierra sin interrumpir los servicios cercanos.
El conducto original tampoco desapareció. Se conservó como infraestructura de seguridad: cuando las lluvias son intensas, puede recoger parte del caudal y limitar el riesgo de inundación en el parque recuperado.
Un hábitat acuático que también revitalizó la ciudad
El proyecto generó unos 14.000 pies cuadrados de hábitat acuático, aproximadamente 1.300 metros cuadrados, distribuidos entre una piscina mareal y dos zonas de agua dulce. La llegada de fauna y vegetación autóctona permitió reconstruir pequeñas cadenas alimentarias en pocos meses.
La transformación tuvo además una dimensión urbana. El antiguo aparcamiento pasó a acoger mercados, conciertos, exposiciones, actividades educativas y zonas para pasear. La recuperación del río se integró en la revitalización del centro de Yonkers, donde después se concentraron nuevas viviendas, rehabilitaciones y proyectos comerciales.
El municipio decidió continuar destapando el Saw Mill en otros tramos, prolongando una estrategia que invierte la lógica dominante durante buena parte del siglo XX: en lugar de ocultar los ríos bajo la ciudad, devolverles espacio y hacerlos compatibles con ella.
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La recuperación de ríos urbanos sigue planteando retos
El caso de Yonkers muestra que un río cubierto no es necesariamente un río perdido. Sin embargo, la rapidez con la que apareció fauna en Larkin Plaza no significa que todos los proyectos de renaturalización produzcan los mismos resultados. La calidad del agua, las mareas, el caudal, la contaminación heredada y la conexión con otros hábitats condicionan la recuperación.
En Larkin Plaza, la combinación de un cauce funcional, zonas de agua dulce y mareal, vegetación autóctona e infraestructuras de control permitió que el espacio volviera a desempeñar funciones ecológicas y sociales. La experiencia también dejó abierta una pregunta para otras ciudades: cuánto suelo urbano puede devolverse a los cursos de agua sin renunciar a la protección frente a las inundaciones ni a los usos que necesita la población.
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