
“El servicio otorga la ciudadanía”
La novela de Robert A. Heinlein de 1959, y su referente visual, cortesía de la película de Paul Verhoeven de 1997, nos vuelve a proporcionar una nueva adaptación al mundo de los videojuegos, en un shooter arcade en primera persona cargado de acción, bichos, y furia patriótica, que no deja de lado la autoparodia, con una serie de elementos que hará que los fans de la IP —como yo—, esbocen una sonrisa socarrona mientras se dedican a hacer puré a todo enemigo de la federación. Escenarios conocidos, caras familiares y chascarrillos absurdamente reconocibles acompañan una experiencia que entiende perfectamente el material del que nace. Así que… ¿Desea saber más?
El juego nos pone en la piel de… Bueno, hay que hacer un inciso. Y es que el juego nos pone en la piel de nosotros mismos, entrando en la ficción del universo Starship Troopers. El papel que desempeñamos es el de adquisidores del videojuego «Ultimate bug war», un videojuego dentro del videojuego que… podría decirse que es un 20% ocio, 80% propaganda fascistoide de la Federación para el reclutamiento de quien esté jugando (O sea, nosotros). Y es en esos primeros minutos, en los que el mismísimo Casper Van Dien, interpretando de nuevo al gran Johnny Rico, aparecerá en pantalla a felicitarnos por la compra del juego, e informarnos de que lo que vamos a ver «rompe las barreras de la realidad», y que el juego (el de dentro del juego) nos pondrá a controlar a la teniente Sammy Dietz. Una de las mayores heroínas de la federación, en su glorioso viaje en busca de uno de los mayores enemigos que la humanidad ha conocido: El bicho asesino. Todo con una pátina de cachondeo, que recuerda y mucho a las cinemáticas de briefing, en la franquicia Command & Conquer, mientras enlaza diferentes spots publicitarios, recordándote las ventajas de ser un ciudadano, los descuentos que puedes disfrutar por ello, que si tienes hijos los puedes alistar antes de que sean mayores de edad (…Durísimo) y que… ya sabes, «¡el servicio otorga la ciudadanía!».

Repitiendo fórmula, pero con alma propia
Y tras esos instantes de sonrisa —y un poco de vergüenza ajena—, es cuando nos toca bajar al campo de batalla. Y es en esos momentos, en los que ves el sello de Auroch Digital brillando a máxima potencia. Uy, ¿y por qué digo eso? ¿Quiénes son las personas detrás de este shooter? Pues nada más y nada menos que el estudio británico detrás de juegos como Brewmaster, el sobresaliente Mars Horizon, el futurible Warhammer Survivors, o Warhammer 40k Boltgun. Y aquí es donde debo hacer un alto. Porque si a algo se parece el gameplay de Starship Troopers UBW, es al estilo de shooter retro que nos proporcionaron hace escasos tres años los chicos y chicas de Auroch.
Gráficamente, Ultimate Bug War se distancia bastante de Boltgun. Aquí Auroch abandona el pixel-art ultraviolento para abrazar una mezcla extrañísima de escenarios low-poly y soldados realizados mediante sprites 2D. Y la verdad, sobre el papel suena horrible. Pero en movimiento, tiene una personalidad tremenda. No obstante, para mí, el principal parecido se da en la mecánica jugable. El estilo de juego, basado en la movilidad del jugador, no da respiro. Las hordas de bichos que se nos presentarán en pantalla tienen su consecuente barra de salud en la parte superior de la misma, igual que los enemigos en Boltgun. Y aunque los mapas de Ultimate bug war son considerablemente más amplios y abiertos a la exploración, también tiene secuencias en las que el juego te impide avanzar, mientras los bichos te rodean y debes contener a la horda, igual que en el «modo purga» que se daba en W40k.
¿Y todos estos elementos comunes con Boltgun van en detrimento de Ultimate bug war? En absoluto. Lo que quiero remarcar es justo lo contrario. En Auroch han reutilizado ideas. Pero han sabido reinterpretarlas correctamente. Muchos estudios viven de iterar sobre sus puntos fuertes. Boltgun convertía cada combate en una fantasía de poder ultraviolenta: sangre, power-metal y un marine espacial que, en solitario, parecía alimentarse exclusivamente de odio y enemigos reventados. Ultimate Bug War reutiliza ese mismo ADN arcade, pero cambia completamente el tono. Aquí aunque también somos unas máquinas de matar imparables; trata de hacer ver que Sammy es un soldado más en mitad de una guerra abierta, rodeada de fuego cruzado, hordas alienígenas y caos militar en el que poner orden. Y todo recordándote siempre que tú podrías ser el/la siguiente… «Hasta que mueras, o encuentren a alguien mejor.»

Lo que ves es lo que hay
A fecha de publicación de esta reseña, debo decir que he completado ya el juego en los niveles «normal» y «veterano». Y debo señalar algo importante para quien se esté pensando adquirir Ultimate Bug War. Y es su curva de dificultad inexistente. El juego, tras un extenso tutorial… bastante innecesario, te lanza al campo de batalla de Klendathu —Escenario mítico de la película de Verhoeven—. Nada más tocar tierra, la primera orden será «¡RESISTE!». Y acto seguido los bichos pasarán a lanzar su primer ataque masivo por saturación contra las tropas de la federación, a las que Sammy podrá reclutar pulsando una tecla para que la sigan a la gloria de la batalla, con frases como la mítica «Come on you apes, you want to live forever?».
Bien, como jugador, ese bautismo de fuego, seguido del desastre que será el resto del enfrentamiento en el planeta K, te puede hacer creer en un primer momento que el juego va a darlo absolutamente todo en un incremento constante de la epicidad de cada encuentro. Sin embargo, no va a ser así. El juego se esfuerza por hacer representativos los lugares y misiones que transcurrirán a lo largo de los ocho niveles que componen la campaña humana (Sí… la campaña humana… luego hablamos de eso), pero aunque en su último nivel logra algo parecido a un clímax narrativo, la sensación de desafío apenas evoluciona respecto a las primeras horas. Desde el primer minuto el juego va a ponerte en situaciones extremas, con hordas de bichos constantes de las que deberás defenderte. Y eso no es necesariamente malo. Pero da la impresión de que el Ultimate Bug War juega todas sus cartas demasiado pronto. Y cuando intenta superarse a sí mismo, da la sensación de que ya no le queda una marcha más que meter. O puede que su intención fuera la de mandar la épica tan arriba como pudiera, y no se percató de que cuando quisiera escalar un poco más allá, simplemente no lo lograría.
Por otra parte, me lo he pasado dos veces en diferentes modos de dificultad. ¿Por qué? Pues por su curiosa rejugabilidad. No da para infinitas partidas, pero sin duda lo logra para tres o cuatro runs. La posibilidad de afrontar objetivos en distinto orden, experimentar con diferentes equipamientos (casi 30 tipos de armas) y moverte con relativa libertad por el campo de batalla, hacen que cada partida tenga un ritmo ligeramente distinto. No convierte a Ultimate Bug War en un sandbox, ojo. Pero sí en un shooter sorprendentemente agradecido de revisitar.

Una BSO que intenta «Cumplir con su deber»
Ok, esto va a sonar demasiado purista, y de verdad, que no soy de esa clase de consumidor… PERO… aquí sí tengo que dar un toque de atención a Auroch. Y es que estoy seguro de que intentaron hacerse con los derechos de la banda sonora original de Basil Poledouris, para ambientar el tono heroico y militarista del universo ST, igual que ocurría en la película. Y no me cuesta imaginar que adquirir esos derechos probablemente habría costado más que el desarrollo del propio juego. Pero claro… Desembarcar en Klendathu, sin el tema original del desembarco en Klendathu… Hostia, duele. Y mucho.
La BSO del juego es funcional, pero insípida. Sirve como acompañamiento de la ensalada de tiros en la que nos vamos a meter como jugadores y poco más; pero no exagero ni un ápice cuando digo que está a años luz del score original de la película. Es genérica, simplista para lo que debería ser, y sinceramente, un juego de Starship troopers debería aspirar a más. Entiendo que compararse con Poledouris es una misión suicida… Pero precisamente por eso esperaba una banda sonora con más identidad propia. Más agresiva. Más militar. Más… Starship Troopers.
El otro modo de juego
Confieso que intentaba fingir que nunca había escrito eso de ‘la campaña humana’. Pero tarde o temprano había que arrancar la tirita. Y es que Auroch ha incluido un modo de juego aparte de la campaña principal… Y ese modo son las llamadas Misiones de Bicho. No pude evitar lanzar un sonoro «¿Pero en qué estaban pensando cuando hicieron esto?» cuando lo jugué. Y es que no lo comprendo. A nivel narrativo es endeble, los recursos empleados en desarrollar todo su apartado jugable pudieron haberse invertido en otras características del juego, y en definitiva, es una sección que bien pudieron ahorrarse, e incluir en su lugar cinco operaciones más en la campaña que interesaba a los jugadores. Pero, en fin… Vamos allá.

Argumentalmente, el juego nos muestra a nosotros, los jugadores, el periplo de Sammy Dietz, dando caza al Bicho Asesino. Pero en cierto momento, deciden que para que la experiencia de Ultimate Bug War sea completa, tú, futuro recluta, debes comprender la magnitud de la amenaza arácnida, viendo cómo se comporta el Bicho asesino, y así descubrir sus puntos flacos para cuando llegue el momento de enfrentar al antagonista del juego… Ok, de acuerdo. Podemos aceptar Bicho Asesino como animal de compañía, pero… ¿Para qué? Quiero decir, que no es un componente que nos añada nada al trasfondo del juego. Para quien sepa de qué va, entenderá que los bichos son básicamente una amenaza deshumanizada que justifica el aparato militar de la Federación. Para entendernos. El juego que nos hace propaganda del brazo militar de la Federación, a través de la gloriosa historia de Sammy, ¿y luego nos viene a contar la conmovedora historia del bicho Rogelio? No sé… Me parece un componente forzado que nadie pidió, y la recepción entre la gente con la que he hablado y que lo ha jugado, ha sido bastante fría; pese a las alabanzas de otros medios, que opinan que la visión del juego desde un punto de vista diferente, enriquece una experiencia de juego algo repetitiva. Quizá sobre el papel la campaña arácnida aportaba variedad. En la práctica, sin embargo, se siente como si alguien hubiese intentado colar empatía hacia los bichos dentro de un videojuego diseñado explícitamente por la Federación para recordarnos que «el único bicho bueno es el que está muerto».
Starship troopers: Ultimate bug war no es perfecto. Su curva de dificultad se desinfla demasiado pronto, la campaña arácnida rompe parte de la sátira que tan bien construye la historia principal y su banda sonora jamás alcanzará la épica militar de Poledouris. Pero incluso con todo eso, Auroch ha conseguido algo maravilloso: entender qué hacía especial a Starship Troopers. Esa mezcla de propaganda militar, espectáculo y autoparodia que convirtió a la película de Verhoeven en una obra de culto, bajo el filtro de obra de arte de serie B. Yo por mi parte creo que aún le daré una vuelta más en su máxima dificultad. ¿Y tú, estás listo para cumplir con tu deber?



